Líneas de Atención a Condominios Sociales

La vivienda social regida por el concepto de copropiedad ha existido en nuestro país formalmente desde hace ya 77 años. Si bien el concepto se aplica también en algunos casos para la vivienda en extensión, la edificación en altura ha sido su tipología predominante.

Su data encuentra explicación en dos aristas. La primera, ligada a la creciente demanda por vivienda durante todo el siglo XX producto de las migraciones campo – ciudad que comienzan a determinar el desarrollo de programas y políticas públicas que apuntan a disminuir desde el Estado el Déficit Habitacional . En segundo lugar, está la necesidad de densificación y construcción en altura, como consecuencia de la creciente demanda por suelo urbano, cuestión que obligó tempranamente a desarrollar un marco que normase la relación entre propiedad privada y la administración de bienes comunes, como resultado de un sistema de habitabilidad colectivo.

Aparecen así, los primeros edificios que en varias plantas acogerán a múltiples familias y con ello, la necesidad de regularlos, evidenciando con ello, las diversas normas que han afectado la vivienda colectiva en altura, desde la Ley de Venta por Pisos del año 1937, hasta la Ley de Copropiedad Inmobiliaria del año 1997 y su modificación en el año 2007, determinando la consolidación del modelo de administración de copropiedad chileno.

Tensionando desde sus orígenes nuevas formas de utilización del suelo, ya desde la década de 1930 comienza a instalarse la edificación en altura como tipología, permitiendo iniciar procesos de densificación y racionalización del uso de suelo. Sin romper el trazado de las calles pero densificando la manzana, aparecen así las primeras intervenciones habitacionales que, bajo una concepción desde lo colectivo apuestan por propuestas arquitectónicas y urbanas desde una mirada integral, en cuanto a integración urbana, tipologías de los departamentos, habitabilidad y diseño de los entornos y bienes comunes al conjunto, conjuntos que hoy podemos reconocer como propuestas de alto interés patrimonial.

Sin embargo, centrados principalmente en la disminución del déficit habitacional, y el objetivo de aumentar la productividad en la construcción de viviendas sociales a través de nuevos mecanismos, como la creación del concepto de subsidio habitacional, la participación privada en la gestión de los proyectos residenciales sociales y la extensión de los limites urbanos, determinan posteriormente, durante la década de los ochenta y los noventa, una fuerte disminución en la calidad arquitectónica y urbana de los conjuntos.

Simultáneamente, como consecuencia de la política de erradicación impulsada durante la década de los ´80, y una política de subsidios a la demanda, en muchos casos las familias que llegaron a habitar los nuevos condominios sociales, no logran configurar un tejido social cohesionado que favoreciera la organización vecinal e incentivara el cuidado y mantención de los conjuntos, tendiendo más bien a la agudización de las problemáticas físicas y el profundo deterioro social.

Sumado a esto, un hecho viene a agravar esta realidad: la falta de conocimiento de las familias respecto a las normas que debían regir la vida en Copropiedad bajo la Ley de Venta por Pisos, y posteriormente la Ley de Copropiedad Inmobiliaria, que regulan la administración de los bienes comunes y la convivencia vecinal de todo Condominio Social.

El deterioro de los conjuntos y la falta de cohesión entre vecinos se fue evidenciando progresivamente, enfrentándonos en la actualidad a un problema de mayores dimensiones:, si a principios de los años 90 el déficit habitacional era el foco central en las políticas de vivienda, hoy, además de enfrentarnos a la obsolescencia del parque habitacional construido, también nos enfrentamos a la formación de grandes áreas homogéneamente vulnerables y segregadas, determinadas por el contexto urbano en el que se encuentran emplazadas.

Conscientes de esta realidad, la creación de la Ley de Copropiedad inmobiliaria en 1997 como nuevo instrumento de regulación, así como los esfuerzos por construir una nueva política habitacional que apostara a modificar las falencias del pasado en las nuevas construcciones, han sido pasos significativos pero aún insuficientes frente a las complejas dimensiones que deben ser consideradas en el diseño y gestión de la vivienda social en altura.

En consecuencia, la vivienda social en altura como tipología se ve enfrentada a diversas problemáticas que hoy se evidencian en cientos de Condominios Sociales y nos arrojan múltiples interrogantes, dentro de las que encontramos aquellas referidas a la pertinencia de su producción de la mano de los procesos de densificación impulsados; la identificación de aquellas tipologías más adecuadas desde el punto de vista del diseño de los departamentos, los bloques y el propio conjunto para una mejor habitabilidad en alta densidad, asociadas al modelo de administración en copropiedad bajo el cual están regidas; así como respecto a la construcción y consolidación de sus entornos urbanos y su localización en la ciudad.

Líneas de Atención a Condominios Sociales:

Conjuntos que presentan obsolescencia en los Bienes Comunes
Conjuntos que además de lo anterior, están ubicados en barrios con un alto deterioro
Conjuntos que además de lo anterior, tienen bajos niveles de accesibilidad urbana
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